SANTANYÍ

Cala Dor
25º C

Santanyí es un municipio verdaderamente sorprendente. Su pasado, protagonizado por los ataques piratas y su presente, el turismo, lo han convertido en lo que es hoy.

Un lugar abierto al futuro

Situado al sur de la isla, Santanyí es una localidad singular. Precisamente por encontrarse donde se encuentra, muy cercano al islote de Cabrera, Santanyí ha tenido un pasado muy vinculado a los ataques piratas, que a menudo adoptaban Cabrera como centro de sus operaciones. Estos ataques, que no cesaron hasta el siglo XVIII, son los responsables de que en la arquitectura del municipio encontremos numerosas edificaciones fortificadas, hoy convertidas en lugares de interés turístico.
Su nombre proviene del latin, ‘Sancti Agnini’ (santo cordero) y fue fundado por el rey Jaume II en el año 1300. Desde entonces Santanyí ha cambiado mucho, el crecimiento demográfico y la huella del turismo lo han convertido en lo que es hoy, un conglomerado de pequeños núcleos testigos de su crecimiento y evolución: La Costa, s’Alqueria Blanca, Cala Santanyí, Calonge, es Llombards, Son Mòger, Cala Figuera, Portopetro, Cala d’Or y Es Cap des Moro.
Además de los yacimientos arqueológicos como los situados junto a la finca Son Danús Vell o en Punta des Baus, que acreditan que hubo vida pre-romana en Santanyí, esta bella localidad nos reserva alguna sorpresa más. Su iglesia alberga uno de los instrumentos más espectaculares y estudiados de la isla; un singular órgano construido en 1762 y que es parada ineludible para los amantes de los órganos históricos. Otra curiosidad es que Santanyí presume de tener la mejor piedra de Mallorca. Tanto es así que el Castell Nuovo de Nápoles fue levantado con piedra de aquí.
Pero Santanyí no es todo historia, hoy es un lugar lleno de vida y planes que trazar con los tuyos. Un paseo por su zona peatonal llena de tiendas y cafeterías puede resultar muy agradable, sobre todo si se endulza con un helado artesanal fabricado aquí: Bon Gelat. Otro delicioso reclamo de la zona es el queso Grimalt, verdaderamente exquisito y muy elegido como souvenir por quienes nos visitan.

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